Vivimos ya en un mundo donde está incrementando la cantidad de evidencia científica que demuestra que el cambio climático está siendo eclipsado por los efectos drásticos que se pueden ver a nuestro alrededor. Desde sequias catastróficas en Estados Unidos a inundaciones y nevadas en Sudáfrica, los patrones de clima extremo se están volviendo más frecuentes y extensos. La Organización de las Naciones Unidas, el Foro Económico Mundial, otras organizaciones gubernamentales y empresas multinacionales, están implementando medidas y haciendo un gran esfuerzo para reducir sus emisiones de efecto invernadero, su huella de carbono y su dependencia a los combustibles fósiles. Afortunadamente tenemos una herramienta significativa, nuestros bosques, que nos ayudarán a reducir las emisiones antropogénicas derivadas de la producción de energía fósil al nivel más bajo posible, mientras continuamos desarrollando la tecnología necesaria como alternativas limpias y sustentables.
Los bosques y las superficies forestales cubren el 30.6% de la superficie total de la tierra, de los cuales un 7% ha sido plantado en los esfuerzos de reforestación; mismos que en muchos países alrededor del mundo han sido drásticos, guiando así, esta impresionante asaña. Los árboles tienen una propiedad espectacular, la fotosíntesis, que tiene la capacidad de absorber bióxido de carbono, uno de los gases de efecto invernadero en la atmósfera. Los bosques han captado el 10% de todas las emisiones producidas en la primer mitad del siglo. También proporcionan oxígeno, hábitats para millones de especies y son esenciales para 1.6 mil millones de personas que dependen de ellos para su sustento básico, en el que se incluyen su comida, energía y refugio.
Bosques Plantados a Nivel Mundial hasta 2015
(miles de hectáreas)
Fuente: FAO (2016)
La población humana creó casi 36 gigatoneladas de CO2 durante el 2014, 60% por encima de los niveles vistos en 1990. Aún así, la deforestación es responsable del 15% de estas emisiones y este número no está tomando en cuenta el carbono que no hemos captado por los millones de árboles que se han removido del ecosistema. Se atribuyen 60,000 millas cuadradas (el tamaño de Florida y el doble de Austria) a la deforestación cada año. Desde 1990, 129 millones de hectáreas han sido taladas, quemadas o degradadas. Afortunadamente la velocidad de deforestación se ha reducido a la mitad en los últimos 25 años. Debemos seguir tras la conservación de los bosques y proyectos de reforestación para mitigar las consecuencias de los cambios rápidos en los patrones del clima.
El Nim es un árbol de rápido crecimiento con una gran superficie de biomasa y follaje espeso capaz de resistir condiciones menos óptimas. Sus propiedades de resistencia a las sequías junto con su capacidad de filtrar el aire y la contaminación del agua, lo hacen ideal para proyectos de reforestación en tierras degradadas para evitar la desertificación. Tiene mayor resistencia a plagas que la mayoría de los árboles, ya que por su amargo sabor, muchos animales prefieren no comerlo, mejorando su probabilidad de sobrevivir. El árbol de Nim también tiene una capacidad de captación de carbón de 12.27 toneladas por árbol cada año. Este es el segundo nivel más alto de captación en el planeta. Es resistente a las sequías y de rápido crecimiento, volviéndolo una extraordinaria solución a nuestros esfuerzos de reforestar. Aún por encima, el Nim vive hasta 200 años y tiene una de las maderas más resistentes y durables del planeta. El Nim es una elección obvia para la estrategia contra el carbono por su efectividad en la captación y su larga duración.
Plantar árboles es una significante herramienta para enfrentar los obstáculos medioambientales de nuestra generación. Somos capaces de reducir las emisiones de carbono, incrementar los niveles de captación, mantener la biodiversidad, promover la regeneración del hábitat, mejorar el agua, así como el ciclo de nutrientes, simplemente al proteger nuestros bosques y plantar más árboles. En vez de establecer límites a las prácticas que dañan el medio ambiente, es nuestra responsabilidad de continuamente restaurar el ecosistema del que somos dependientes.