Sólo un año después de su retorno al poder, la presidenta Dilma Rousseff se encuentra enfrentando el desafuero político después de que la cámara baja del congreso votara para comenzar los procedimientos oficiales. Con una cómoda mayoría de dos terceras partes para el desafuero parlamentario, una valoración aprobatoria atrapada en simples números y celebraciones estallando en las calles, mientras se obtienen los resultados, el país está mandando un mensaje muy claro: “adiós Dilma”.
Famosa por haber salvado una generación perdida de brasileños a través de series comprensivas de esquemas sociales desarrollados en su plazo anterior, Rousseff y su mentor Lula da Silva, terminaron con la “pobreza crónica” por tres cuartos de 2004 a 2012 a sólo un 1.2% de la población. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), incluso borró a Brasil del mapa mundial de la hambruna en 2015, para seguir garantizando la base para la floreciente clase media en el país, que ya era una de las más grandes en el mundo. A pesar de que el mantra populista de Rousseff y su sólido apoyo a las áreas rurales aseguraron su reelección en 2014, ahora las lealtades de su electorado brasileño están cambiando. La combinación de mantener drásticos niveles de financiación social al mismo tiempo en que las finanzas gubernamentales están bajo presión, aunada a la infinidad de escándalos revelados en torno a la corrupción en su administración, Dilma ha acelerado su propio desafuero político.
Listos para una Nueva Dirección Fiscal en Brasil
Fuente: The Economist (2016)
Mientras difícilmente el 70% del público apoyó el desafuero, una proporción considerable de los 54 millones de personas que votaron por ella en 2014, respaldan retóricamente que los procedimientos constituyen un golpe maestro por parte de las fuerzas derechistas del país. Aunque las alegaciones contra ella son menos severas que las de muchos parlamentarios que supervisan el juicio en la Suprema Corte, la misma está enormemente comprometida con nominados por el partido laboral de la propia presidenta. En realidad el voto fue completamente constitucional, conducido a simple vista de los medios y ejecutado con la aprobación de todos los participantes necesarios, haciendo de este proceso, un triunfo que la democracia brasileña ha estado esperando.
El Panorama ha Cambiado para Dilma Rousseff
Fuente: Wall Street Journal (2016)
Si la mayoría del senado vota a favor de iniciar el juicio político, Rousseff será suspendida de su cargo por un mínimo de 180 días. Estos son de suma importancia para el Vicepresidente Michel Temer, el probable sucesor de Rousseff, mientras se prepara para soportar el peso del liderazgo en este periodo de transición. En temas financieros, como presidente interino, Temer estará mejor preparado para atender los estragos en Brasil. Su propio Partido del Movimiento Democrático (PMDB), es de naturaleza centrista y ha mantenido una impresionante trayectoria de apoyo a la austeridad fiscal y programas de privatización que rescataron la economía de Brasil en 1990. Con todo y sus desafíos éticos, Temer es serio. El voto que él y sus partidarios orquestaron para expulsar a Rousseff, se basó en un consenso de todos los partidos políticos, como tendría que hacerlo en poder para asegurar su propia posición y evitar mayores crisis constitucionales.
Aún con todas las acreditaciones, Temer es únicamente una solución temporal. Brasil ha tenido más que suficientes escándalos de corrupción para siquiera considerar la noción de una presidencia que fue dudosa desde un principio. Al 60% de la población le gustaría que Rousseff y Temer renuncien durante el proceso de destitución. Hay inclusive peticiones de una enmienda a la constitución para permitir una nueva elección a medio periodo por primera vez en la intensa historia del país.
Si esto sucede, el campo de aspirantes a la presidencia muy probablemente se enfocará en estos tres candidatos: Aécio Neves,Luiz Inácio Lula da Silva y Marina Silva. Neves es un candidato pro-industria con una excelente capacidad en política fiscal que marginalmente perdió contra Rousseff en 2014. El mentor de Rousseff y su predecesor, Lula da Silva también ha dado indicios de postularse como candidato en medio de sus propios rumores de actividades criminales. Si estos escándalos de corrupción inhabilitan a Lula, varios legisladores de izquierda buscarán a Marina da Silva, la candidata popular externa que alcanzó tercer lugar en 2010 y 2014.
Esta es una gran oportunidad para Brasil, para el establecimiento de un nuevo liderazgo que abordará las reformas necesarias para restaurar el crecimiento económico y desarrollar una infraestructura macroeconómica sólida. A pesar de los cambios recientes, Brazil tiene una tendencia histórica de desarrollo social y económico que fortalecerá los prospectos y su desempeño en el país a largo plazo. Ahora, todo lo que necesita el país es el candidato correcto para liderarlo.