A pesar de los últimos intentos por interrumpir el proceso de desafuero en Brasil, el Senado votó a favor de suspender a Dilma Rousseff de la presidencia. En una estrategia que está siendo ampliamente interpretada como un primer paso para terminar el mandato de 13 años de su partido izquierdista del trabajo, Rousseff ha sido obligada a dejar su cargo por al menos 180 días. En una época de gran importancia social y política para el país, con una economía en recesión por primera vez desde los años treintas y con las olimpiadas de 2016 en el horizonte, un liderazgo nuevo y reformador es finalmente posible.
Los Partidos Políticos más Grandes de Brasil en el Senado
Fuente: Council of the Americas (2016)
En una medida democrática en contra de la corrupción, 55 de los 77 senadores votaron a favor del juicio contra Rousseff por los cargos presentados al haber manipulado ilegalmente las cuentas fiscales durante su campaña para la reelección presidencial. Aunque esté negando las acusaciones, ya no es posible ignorar la caída de su índices de aprobación mientras que el país se queda desilusionado por su catastrófico segundo mandato. Ahora, apartándose de los procesos de desafuero, el vicepresidente Michel Temer tomará el cargo presidencial. Si Rousseff llega a ser destituida (un resultado que requeriría de dos terceras partes del Senado votando en su contra), Temer cumplirá lo que queda de su mandato hasta el 2018.
Mientras que analistas, políticos y medios brasileños desacreditaron de manera unánime la habilidad de Rousseff para restaurar la confianza del inversionista y unificar al congreso rebelde, la base para un gobierno “post Rousseff” estaba siendo asentada. El vicepresidente tomó las riendas, no sin antes haber preparado el nuevo gobierno, al negociar los puestos del gabinete con aliados potenciales del Partido del Movimiento Democrático Brasileño. En un discurso que se filtró a la prensa, Temer revela su intención de dedicar su tiempo a cargo de la presidencia para revertir el déficit presupuestario y la deuda pública, a través de las tan necesitadas medidas de austeridad. Inclusive ha demostrado su apertura a determinar las políticas de las tasas de interés y las tasas de retorno para los inversionistas de infraestructura con reguladores independientes y el sector privado. Estas medidas impactarán positivamente al Real, el cual se fortalecerá y regresará a su equilibrio frente al dólar a mediano y largo plazo. Abriendo una oportunidad importante de inversión, ya que con Temer al mando la situación política y financiera se está estabilizando, esto impulsa a Brasil a retomar su crecimiento de las últimas décadas.
Eso no quiere decir que los brasileños estarán felices con su nuevo presidente. Mientras que 62% de la población quiere el desafuero de Rousseff, 58% expresa lo mismo de Temer. Sólo el 12% espera que sea un buen líder y únicamente 2% estaría interesado en votar si el país tuviera elecciones mañana. Aún así, esta falta de popularidad es la posición perfecta para ejecutar decisiones difíciles e impopulares, pero necesarias para el desarrollo del país.
Asimismo, Brasil es un país que ha experimentado un impresionante desarrollo a lo largo de la mayoría del siglo pasado. De 1930 a 1980, Japón era la única nación en el mundo que tenía un crecimiento de producto interno bruto (PIB) mayor que Brasil. Desde 1995 un sólido crecimiento y programas sociales reconocidos a nivel mundial sacaron alrededor de 40 millones de personas (20% de la población) de la pobreza. Hace 60 años más de la mitad de los brasileños no sabían leer y tenían problemas de malnutrición. En cuestión de muy pocos años Brasil se transformó en la octava economía más grande del mundo y se volvió uno de los pocos países en reducir la desigualdad de manera tan eficiente.
Imagine lo que se puede lograr con esta nueva generación.